Hasta pronto, espartano

A lo largo de la historia, desde que el fútbol naciese como deporte allá por el año 1863 en el Reino Unido, hemos asistido al encumbramiento como leyenda y posteriormente como mitos eternos de muchos futbolistas: Alfredo di Stéfano, Johan Cruyff, Pelé, Diego Armando Maradona, Zinédine Zidane, Gerd Müller, Marco Van Basten, Franz Beckenbauer… Jugadores que no sólo han destacado por sus cualidades futbolísticas, sino por haber entregado al fútbol algo que este deporte no había visto hasta su aparición.

Pero más allá de estas grandes estrellas que en muchas ocasiones han reinventado este deporte, existen otros jugadores que han pasado a la historia de sus respectivos clubs por su pasión, su garra, su tesón y su amor incondicional hacia ese equipo que les ha visto nacer, crecer y triunfar al más alto nivel.

Este es el caso de un salmantino de 34 años que en el día de ayer certificó su adiós a los terrenos de juego: Álvaro Arbeloa Coca. Hablar de él es hablar de un jugador plenamente identificado con un escudo, el del Real Madrid, que guardará por siempre un lugar de honor a un futbolista que no sólamente ha disfrutado de las mieles del éxito deportivo haciendo acopio de una larga lista de trofeos (1 Liga, 2 Copas del Rey, 1 Supercopa de España, 1 Supercopa de Europa, 2 Ligas de Campeones, 1 Mundial de Clubs, 2 Eurocopas de Naciones, 1 Mundial de la FIFA), sino que disfrutará por siempre del título que más orgullo genera en un futbolista: el eterno agradecimiento y el reconocimiento por parte de toda una afición hacia la figura de un futbolista que no ha entendido este deporte desde otro prisma que no fuese el de la defensa incondicional del club de su vida.

Álvaro Arbeloa, ese “espartano” que ha hecho del Rey Leónidas y sus 300 valientes un mensaje propio, el de la rebelión ante todo y ante todos por muy numerosos y fieros que parezcan los enemigos, ha portado el escudo del madridismo a lo largo de todos sus largos años como profesional con enorme dignidad y aplomo, siendo la primera línea de defensa del club ante los ataques llegados desde numerosos emplazamientos, muchos de ellos teñidos de azulgrana o de rojiblanco.

Pero más allá de sus palabras llenas de madridismo y de una defensa incondicional al club que le ha dado todo, sería injusto acotar la figura de Álvaro Arbeloa a quehaceres más extradeportivos que del propio terreno de juego. Porque Álvaro Arbeloa ha sido mucho más.

Ningún futbolista se convierte en campeón de absolutamente todo sin hacer gala de unas virtudes futbolísticas que le lleven a la élite. Arbeloa pasará a la historia del fútbol y del Real Madrid por ser un defensa con todas las letras. Firme, atento y enormemente inteligente en todos los lances del juego en que debía intervenir, Álvaro se desenvolvió con acierto a caballo entre las posiciones de lateral izquierdo y lateral diestro.

Sus marcajes a jugadores TOP como Lionel Messi (para el recuerdo su rendimiento ante el argentino en una eliminatoria de Liga de Campeones con el Liverpool en el que borró del mapa al “10” blaugrana), Franck Ribéry o incluso a compañeros como Cristiano Ronaldo figuran entre algunos de los mejores momentos que este deporte ha regalado a sus aficionados.

No todo en este maravilloso deporte se ciñe a anotar goles, y Arbeloa se convirtió en un verdadero especialista en evitarlos, siendo un jugador imprescindible para todos los entrenadores que le tuvieron a su cargo, que no fueron pocos. Pero si hubo un entrenador que sacó de Álvaro sus mejores momentos futbolísticos, ese fue Jose Mourinho. Con el luso como míster madridista, Arbeloa se hizo dueño y señor de la banda derecha de su Real Madrid, dejando incluso impronta de su calidad cara a gol (su gol al Atlético de Madrid en un derbi en el Bernabéu será recordado).

No dice adiós un futbolista, dice adiós un madridista de los de antes, de los que no entiende al Real Madrid de otra manera que no sea el de una pasión irrefrenable por el mejor club de la historia. Dice hasta pronto un tipo que espada y escudo madridista en mano no ha dudado en “partirse la cara” por sus compañeros, sus distintos entrenadores y su entregada afición.

Sólo puedo concluir mi alegato con las palabras que pronunciase Leónidas frente a sus 300 fieles y que son una filosofía de vida en Álvaro Arbeloa: “Espartanos, ¿cuál es vuestro oficio? ¡Au, au, au!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Create a website or blog at WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: